
14 Feb Roberto
Hay días, en que solo quiero llegar a casa para encontrarme con él, sumido en su paz, siempre esperándome.
Y decirle “hola mi amor” y preguntarle “cómo estás?” y sin escuchar palabra alguna, contestarle “yo bien, gracias, un poco cansada del ruido de la puerta del 93”.
Y verlo, como se entrega a la demostración de afecto que me empuja a hacer en su honor, desparramado, haciendo del piso duro, un colchón de nubes.
Siempre contestando lo mismo, tan monótono, tan monosilábico, y a mí que tanto me gusta hablar poco me importa, porque agarro sus letras y armo yo mismas las frases, dibujando lo que quiero escuchar.
Parece como si esperara a que llegue para hacer sus cosas.
Lo veo tan pasivo a veces, comparado con mi vida, que me gustaría saber que se siente estar dentro de su cuerpo tan exacto.
Imagino que debe ser el suyo, un organismo construido para su tarea, y me pregunto cómo serán sus antepasados de hace miles de años, y de qué familia vendrá, ya que él con eso es reservado, no por negación, sino por omisión natural de quien vive solo en el presente. Sospecho que ni él se acuerda de su madre o de sus hermanos, ya que él mismo es su madre, su padre y sus hermanos.
De todo lo que Roberto me enseña sin intención de maestro, rescato esa testarudez, con la cual me busca cada vez que quiere algo mío, no usa hacia mi la violencia tajante a la cual acostumbran sus semejantes, pero es capaz de dar vuelta esta casa tan nuestra, con tal de que le preste la atención que le urge.
Y de ahí que pienso que debe ser de tauro, y al instante recuerdo que no se una mierda de astrología y solo digo que algunas personas deben ser de tauro porque las imagino como toros yendo de cabeza contra los muros de la realidad, a por lo que quieren.
Poco importa su carta astral, lo que es, es lo que se ve, un pedazo de carne con huesos y ojos (muy parecidos en color a los míos) y dientes afilados, y esas uñas con las que marca el lugar que cree propio, y ese Miau tan multilingüe.