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#1 Lo imposible y lo improbable

Aunque la sabiduría popular suele adscribir a Asimov la famosa teoría del infinito número de monos tecleando al azar y creando (dada una cantidad infinita de tiempo) las obras completas de Shakespeare, el primero que estableció tal travesura/experimento de pensamiento fue Émile Borel, en su “Mécanique Statistique et Irréversibilit锹.

De todo aquel cacao de la Mecánica Estadística surgió, como una hija loca de una madre no menos loca, la Mecánica Cuántica. Pero no piense el lector que nos vamos a meter en una madriguera de conejo, como Alicia, persiguiendo conceptos de “curaciones cuánticas” y otras consideraciones verborreicas al estilo de Deepak Chopra (que parece utilizar un generador automático de conexiones aleatorias y terminologías sin definir.). Ejemplo: “Nuestras conversaciones con otros seres nos ha llevado a definir la conciencia supra-cuántica. Estamos en medio de una profundización de la expansión de la conciencia que nos alineará con la misma estratosfera. Estamos en una encrucijada entre la ciencia y la turbulencia”. (Traducido del generador de “caca de vaca” http://sebpearce.com/bullshit/)

El caso es que esto del blogismo e Internet (y conste que prefiero que se me llame bloguista o blogano que bloguero) parece un primo próximo al experimento del insigne matemático francés. Internet permite, de manera instantánea, la propagación de aquello que Richard Dawkins acuñó como meme² . Esto provoca rebotes, mutaciones, choques, del mismo modo que un gas en el modelo de la Mecánica Estadística. Esta fertilización incestuosa, aparte de crear confusiones y galimatías, bulos, fotografías pasivo-agresivas con textos semi-profundos y semi-vanos… quizá puede definir la ebullición de las redes sociales. Orde ab chao. (Trampa para conspiranoicos número 1.)

Pero yo no estoy exento. Aquí estoy, cual mono, tecleando y propagando esto que me apetece decir, con cierta impunidad en el anonimato, buceando en el mar internauta de esas interacciones aleatorias, esas mutaciones descontroladas y a veces, no lo dudemos, en el denominador más común y vulgar. Si fuera poeta lo llamaría “el mar de la locura.”

Así que Internet, pese a no tener un número infinito de monos, quizá sí un número casi infinito de paridas. Ya decía (no sé si Zappa o Einstein –lo aprendí en un meme, como un buen memo-) que el elemento más abundante en el Universo era la estupidez. Pero existe, en la simplicidad de una operación sencilla repetida un número casi infinito de veces –por ejemplo, dividirse por dos, como en la mitosis- puede generar una organización de materia, que podemos llamar vida. No es muy romántico decirle a alguien que es 2n pero es una certeza: “Mi churri, ese cuerpete es el resultado de una regla muy sencilla repetida muchas veces”.

Y algo quizá para alimentar esa sed que parece nunca saciarse de los conspiranoicos (fenómeno paralelo a Internet), es que por primera vez en la Historia de la Humanidad, podemos “mapear” la “consciencia” de la Humanidad (o aquellos con Internet). Podemos saber de qué manera fluye la información a través de los nodos, qué es lo que está “pensando” (o vegetando) la civilización actual. (Trampa para conspiranoicos número 2). Y cantidad no es calidad, puesto que en el decorum Facebookis, la persecución del número de “me gusta” es el objetivo de la mayoría de las paridas. Y ojo si no le das a la tecla, cuando aquella empollona asquerosa del instituto te muestra la foto de sus niños (con la neurosis heredada de la madre), con sus notas en Junio, la has cagado. O el ligón que ya no lo es tanto, luciendo barriga, calva y moto.

Así que contemplamos, en nuestro solipsismo móvil, con nuestra nariz en una pantallita, como se desvela la consciencia planetaria (al estilo Chopra –Amén). Existe una probabilidad remota, pero es posible, que con tanto rebote, memes, memos y memas, pseudopensamiento mágico, Photoshop, selfies, la madre del cordero, etc. lleguemos, por accidente, a la Edad de Oro, y se le ponga fin ya a la Edad de Hierro, o Kali-Yuga (Trampa para conspiranoicos número 3). Esta palabra sánscrita, por supuesto, es para provocar un “Googleo”. Todo está al alcance de un click, pero quizá muy lejano a la vez. Es cuestión de saber hacer “los deberes”. Lo imposible y lo improbable. Lo posible y lo necesario.
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Borel, E. «Mécanique Statistique et Irréversibilité,» J. Phys. 5e série, vol. 3, 1913, pp.189-196.
Dawkins, R. “The Selfish Gene” (1989), (2 ed.), Oxford University Press, p. 192



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