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Brandon you are my salvation

Conocí a Brandon en el sur de Italia.
Desde Denver, Colorado. A Melendugno, Puglia.
El primer día que nos encontramos, yo estaba en el baño (aprovechando que supuestamente no había nadie en la casa), para darme la ducha previa a  empezar el primer día de trabajo en la granja.
Mientras esperaba que el agua dejara de estar tan fría, escuché retumbar desde afuera la música que pondría en una previa para ir a la disco (si lo hiciera). 8 am. Ducha. David Guetta.

Tenía miedo, no sabía que me esperaba de esta experiencia, no de la ducha y David, me refiero a estar otra vez lejos. Sin conocer a nadie. Con una familia cuyo movimiento y cultura desconocía, haciendo un trabajo que no sabía si iba a poder soportar.

De Roma, la oficina y el rimmel, a la tierra entre las uñas, las semillas de tomate y el olor a vida y perros.
Esa música me dio la bienvenida.
Salí del baño y ahí estaba Brandon. Back street boy. Bailando y cortando un ananá.
– Hello Brandon. I’m Delfina. I don’t speak English -.
– Hello delfinaaaa I’m Brandon. Good morning. We are in the paradise. I’m a rasta man. –
– Jajajajaj y dónde están tus rastas chabon?-
– No tengo. Pero tengo un tatuaje-
Se bajó los lienzos y me mostró una diminuta bandera rojamarillaverde en su muslo izquierdo.
Bienvenidos al mundo de Brandon.

7 días compartimos, quizás 8. Plantamos alrededor de 3000 plantines de verduras. Instalamos el sistema de riego en la hectárea de cultivo. Arreglamos la huerta sinérgica.
Y entre semilla de frijol y planta de tomates, me contó su historia.

Nacido en una base militar en un lugar que no recuerdo. Crecido en el corazón de babilonia. Se llevó hasta el límite tolerado por su alma llenando su cuerpo físico de heroína y porquería. Robó para consumir y después robó para pagarse él mismo su rehabilitación. Luego de haber estado dos semanas sin comer sin dormir y sin cagar, decidió que ya había sido suficiente.
Cuenta que estuvo en el medio de peleas callejeras con cuchillos y armas. Que estuvo preso. Que tuvo miedo hasta que ya no lo tuvo.
Y que su sueño es escalar el Fitz Roy.

Brandon va y viene. Salta. Hace flexiones. Me pide a los gritos que le cante en español. Dice que sus antepasados son africanos y que en Egipto eran todos muy inteligentes.

Mientras plantamos cebolla, me hace reflexionar, diciéndome que ese lugar era mágico. Que tiene la vida que siempre quiso. Que vino a Europa solo. Que trabajó para pagarse el pasaje y que hace 3 meses que vive acá con 100 euros.
Yo le cuento de mi vida. Descubro que puedo hablar inglés. Y descubro lo rápido que se tejen los hilos cuando uno anda falto de abrigo. Estar en el presente, entre la tierra y Brandon, Michela, Margherita y los perros.

Brandon llegó a este lugar y conoció una chica italiana…
Las pibas italianas son algo así como una mezcla entre madre y esposa psicokiller.
Por un par de días dejó de ir a verlo por que creía que él estaba conmigo, lo cual fue un problema para Brandon ya que ella le traía comida, cosa que necesitaba verdaderamente .
Un día casi al final, cuando ya había hecho todas las escenitas posibles, ella me contó que había llorado mucho por Brandon y los celos. Me regaló un sanguche y me preguntó si yo había estado con él. Con la cara llena de lejanía le dije que no. Que me mire un poco (yo también había llorado mucho ese último tiempo) que estaba aprendiendo a vivir conmigo y que lo último que quería era tener un quilombo por involucrarme con un pibe que tenía patrona.
Y ahí se calmó.
Pero esta historia es de Brandon. Aunque tenía que presentar la psíquis de la tana por que lo que no pude, fue entender que hacía Brandon, tan libre, tan rasta, tan divertido, con alguien que le obligaba a dar explicaciones a dos semanas de haberse conocido y sin siquiera hablar la misma lengua (literal. Ella no hablaba una palabra de inglés. Ni él de italiano) .
La cuestión es que me limité a observar.
Y tratar de no juzgar. Aprovechar el cable a tierra que se generaba en nosotros.
Brandon era mi válvula de escape. Cuando la mente ya empezaba a golpearme por dentro. Le contaba que tenía miedo. Le contaba que no sabía por qué tenía miedo. Le decía que quería irme corriendo.
Y él me miraba y se reía. Con amor. Y cantaba. O me daba un sermón al estilo sacerdote yankee. “Nou miedou, aquí respirar. Mira. Paraíso, you, me y Jha ”
Y culminaba siempre diciendo, “Somos parte de la solución girl”
Durante esos días relaté como un cd roto, Todas mis dudas existenciales en inglés. A Brandon y a las berenjenas.

Hoy nos dijimos Chau. Su novia que a lo último me quiso y hasta me pintó las uñas, se ofreció a llevarme al tren. Paradójicamente era la única posibilidad de que Brandon viniera a despedirme.
Un minuto antes de que el tren cierre sus puertas le pregunté si estaba asustado. Me dijo que sí. Muy asustado.
Entonces una mirada profunda. Hacia el centro de su centro. Me llevó a abrazarlo. A entenderlo. A entenderla. A entenderme.
Seres humanos buscando respuestas. A costa de cualquier cosa. Buscando entender algo. Buscando siempre buscando. La mano que cobije y sostenga.
La risa que contenga el pulso de la vida.
Todos buscando no estar tan solos. Aunque nos vayamos a la mierda. Aunque tengamos la posibilidad de subir a un avión pensando que allá esta la vida.
Seres humanos buscando tomar la vida a la inversa. De afuera para adentro.
Brandon buscando alguien que lo cuide.
Yo buscando dejar de ser esclava de mi cabeza.
Alessandra buscando alguien que la vea.

Le dije a Brandon que seguramente no volveríamos a vernos nunca. Y aunque él me repitió que iba a venir a Argentina, creo que la mano que nos dimos, el saludo de los tres golpes y puño. La pulsera de piedras. El libro puente. El abrazo de vida. Serán los últimos.
Los viajes son fractales de vida.
Brandon busca su paz. Yo busco la mía.
Ambos viajamos para que la inercia del movimiento desprenda la mugre de todos nuestros cuerpos.
A mi me está costando bastante.

Hoy brindo por Brandon y su alegría. Por haberme compartido el espejo que refleja el infinito. Y por Todos los encuentros habidos y por haber.
Brindo porque no me entiendo, y porque me gustaría ir a la huerta de mi mente y plantar 100000 plantines de amor y paciencia.
Brindo porque no importa cuánto me mueva. Si no destrabo las cadenas que me atan por dentro, no hay flujo en el movimiento.
El mundo de afuera esta adentro. Viajar sin moverse y moverse sin viajar.



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