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Presentación

El nacimiento de una librería de viejo se ofrece como don del otoño, estación del año que bien merece una reivindicación.

No le da mucho prestigio precisamente ser asociada de manera natural con la tristeza, la melancolía o el tedio. Incluso en una época de amenazantes trastornos climáticos que presagian para estas tierras falta de agua y que harían bendecir la lluvia, la gente ve con placer el momento de poder estar en la calle, y si es a cuerpo, mejor; de forma que los días grises y lluviosos se adjetivan de desagradables o antipáticos: buen tiempo no es una expresión con que se califique el otoño, y menos si viene cargado de lluvia. Y es que ya se ha convertido en un lugar común la falacia patética de la atmósfera otoñal acompañándonos en nuestra pesadumbre.

En la literatura la difusión del tópico no se remonta, sin embargo, muy lejos; nos llega con el simbolismo. Así en los célebres versos de Verlaine Il pleure dans mon coeur / Comme il pleut sur la ville. Y después, entre nosotros, en las imágenes modernistas de Juan Ramón: Mi alma es hermana del cielo / gris y de las hojas secas, y de Antonio Machado: Monotonía / de lluvia tras los cristales.

No obstante, anteriormente el otoño estuvo cargado de sugestiones alegres. Para griegos y latinos de la Antigüedad, identificada esta estación con la recolección de los frutos, era tiempo de gozo y felicidad. No es extraño que Tácito, cuando describe los pueblos del norte en su Germania, suscite nuestra compasión al precisar que el  invierno,  la  primavera  y  el  verano tienen para ellos un significado y un vocablo; del otoño ignoran tanto el nombre como sus dones.

Como uno de esos dones, ahora recibimos, brindando con el fruto de Baco, esta librería de viejo digital, aunque sintamos que el adjetivo nos golpea con la violencia del oxímoron.

Yambo Bodoni



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