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Un aniversario

Es costumbre celebrar los aniversarios de los nacimientos y las muertes de los escritores, así como los de sus obras. Ahora que acabamos de entrar en un nuevo año, sumergirnos en el catálogo de la librería, siguiendo la invitación del tuffatore, nos brinda la ocasión de conmemorar el trigésimo aniversario de la publicación de un importante libro de un escritor español esencial en nuestra cultura: se nos ofrece la primera edición del ensayo Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado, de Rafael Sánchez Ferlosio.
Se publicó hace treinta años, en 1986, un año especial en la obra de Ferlosio, pues se editaron también entonces, después de treinta y un años (desde El Jarama) en los que apenas habían aparecido unos cuantos textos suyos, otros tres volúmenes: el ensayo Campo de Marte 1. El ejército nacional, la novela El testimonio de Yarfoz y la recopilación de artículos La homilía del ratón.
Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado es importante en la propia producción de Ferlosio, dedicado desde entonces al ensayismo. En este libro, al hilo del tema principal, hay apuntes y reflexiones sobre asuntos a los que posteriormente ha vuelto con insistencia su autor; por ejemplo, las críticas de “la creciente deportivización de las motivaciones que hoy dominan en todo empeño humano”, tendentes a una estéril autoafirmación del individuo, y de la enseñanza actual, con su “execrable jerga pedagógica moderna” en su programa de motivación o incentivación de unos “borriquitos con chándal” a los que parece difícil llegar a desasnar, o las observaciones sobre la conquista americana y el concepto de patria, que retoma, respectivamente, en Esas Yndias equivocadas y malditas (1994) y La hija de la guerra y la madre de la patria (2002).
Le gusta a Ferlosio penetrar en la línea ideológica que nutre textos que, en principio, pueden resultar más bien banales, ya sean declaraciones de políticos o personalidades conocidas, escritos periodísticos, tópicos o meras expresiones formularias y clichés lingüísticos. En Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado parte de comentarios aparecidos en la prensa sobre el desastre del transbordador Challenger para mostrar cómo estamos en la actualidad dominados por una concepción proyectiva de la Historia, perfilada en la ideología burguesa del siglo XVIII, cuyo motor es la idea del Progreso, que, como un dios insaciable, exige en su avance la sangre y los sacrificios de los hombres, de manera que, según declara el magnífico título del libro, seguimos cautivos de dioses despiadados. En plural, ya que de esa “mentalidad expiatoria” participan incluso propuestas revolucionarias para las que la redención y liberación finales se sustentan en el sufrimiento y la muerte, que se llenarían así de sentido. En definitiva: “los dioses no han cambiado. ¡De nombre habrán cambiado, y de vestido; no de condición, como demuestra la renovada aceptación del sacrificio! Siguen siendo los viejos dioses carroñeros, vestidos de paisano, con los nombres de Historia o de Revolución, de Progreso o de Futuro, de Desarrollo o de Tecnología”. De ahí que Agustín García Calvo, tan cercano por lo demás a Ferlosio, hablara de “las dificultades de ser ateo”.
La escritura que nos comunica estas reflexiones configura un estilo personal que es un gozo para el lector inclinado a deleitarse en el placer lingüístico y que hace de Ferlosio un escritor sin igual: con un período sintáctico largo, denso, de frase hipotáctica que dice de modo circunstanciado, explícito, completo, al tiempo que fluye vivo el razonamiento; y sobre todo, con la búsqueda de la palabra justa, por ajustada y precisa y por moralmente apropiada y recta, porque restituye a la lengua su poder de abrirnos al conocimiento, al esclarecimiento, y no se la condena a sierva de la confusión y el engaño ideológicos.
La confusión y el engaño de la ideología oficial vigente desvelados en Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado se fundamentan, en última instancia, en el infame trueque de la muerte de los hombres por el Futuro, y su persuasiva execración la hace Ferlosio en nombre de la vida, que tiene pleno sentido en sí misma, en el presente. Una vida desde la que, como se lee en el poema de Gonzalo Rojas “Contra la muerte”, es imposible “entender qué es eso de esperar otro mundo de este mundo” y a la que el poeta chileno se aferra para afirmar:

“Me hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me río
de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre
que me devora, el hambre de vivir como el sol
en la gracia del aire, eternamente”.



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